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lunes, 8 de noviembre de 2010

La vida es un regalo del Creador, defenderla es una obligación de todo hombre.

Red Latinoamerica de Sacerdotes y Seminaristas por la Vida.


    Dedica un espacio en tu blog para defender la vida.



                                                    Revisa los siguientes sitios:


http://www.rioporlavida.net/
                             

     






    Oración a San Miguel Arcángel por la conversión de los abortistas.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén

sábado, 6 de noviembre de 2010

La importancia de la mística en la teología católica y en la vida espiritual

"Yo amo la mística; sé que en ella se esconden tesoros de extraordinaria nobleza, y no sólo para unos pocos escogidos sino para círculos más amplios (...) Tengo un respeto sagrado hacia estos educadores del alma"  Romano Guardini.


"La pretensión de cualquier teólogo es cerrar un sistema de pensamiento; el místico, por el contrario, abre siempre ese espacio teologal, a menudo por donde menos se espera".  Ricardo Aldana.


"Todo cristiano en estado de gracia ama a Dios y, en una medida más o menos grande, es un místico. Pero "el místico por excelencia (...) es un hombre en el que su vida toda entera está envuelta y penetrada por el amor de Dios" Henri Joly

"El cristiano del futuro o será un místico o no será cristiano"  Karl Ranner.

"En la contemplación mística el alma experimenta la presencia de Dios en sí misma. La  inhabitación y acción de Dios la conocía antes indirectamente por el testimonio de la fe; ahora experimenta que se da verdaderamente"  De Guibert.

"Creer hallar la esencia de la mística en una misteriosa unión con Dios, en la que el alma es elevada, por un efecto extraordinario de la gracia, a una contemplación , alta de Dios y de las cosas divinas, a las que viene a conocer no sólo por fe, sino experimentalmente"  Kleutgen.

"La Teología mística es un conocimiento infuso experimental y amoros de Dios producido en nosotros por los dones intelectuales del Espíritu Santo, muy particularmente por el don de ciencia" Ivo Mohon.

"La mística es una vida de unión íntima, constante y consciente con Dios" Waffelaert.

Hablemos de mística (La experiencia mística en Madre Teresa de Calcuta).

Hablemos de mística
La experiencia mística en Madre Teresa de Calcuta.

       Hoy en día la palabra "mística" ha vuelto a entrar en nuestro lenguaje corriente. Se habla de mística incluso fuera del ámbito de las religiones. En los últimos años se viene notando un particular interés por la mística que viene “in crescendo”.
       Nosotros aquí no abordaremos el tema exhaustivamente, pero sí lo haremos en el marco de nuestra fe cristiana católica, buceando un poco en algunos escritos de Madre Teresa de Calcuta que salieron a la luz con motivo de su beatificación.
       Antes de concretar el tema en la experiencia propia de la Beata Teresa de Calcuta vamos a precisar un poco el término.
       Aunque nos resulte extraño podemos llamar místico a toda persona que ha hecho experiencia de Cristo. Esto nos causa asombro ya que nosotros mismos, por el don de la fe y la experiencia de Jesús en nuestras vidas, somos en verdad místicos. No obstante, no nos adjudicamos a nosotros mismos ser llamados así, sino que con mucha serenidad y criterio  cuando nos referimos a los místicos restringimos la amplitud del término, para indicar con él a unas pocas personas.
       Es por eso que en el seno de nuestra Iglesia cuando hablamos de místicos hacemos alusión nada más que a algunos beatos, santos y a otras personas muy particulares. De todas maneras no está mal recordar (haciendo las debidas aclaraciones) que el significado nos abarca a todos. Justamente en ésta perspectiva se ubicaba el teólogo Karl Raner cuando dijo: "El cristiano del futuro o será místico o no será cristiano". Raner quería expresar que si bien es importantísimo procurarnos una constante formación en la fe no basta la acumulación de conceptos, de cursos realizados y de libros leídos, es necesario y urge apuntar a la experiencia. Ya en la Edad Media una mística agustiniana, Santa Clara de Montefalco, manifestó este perfecto equilibrio entre estudio y experiencia cuando dijo: "En el Amor de Dios se crece con la ciencia y con la vida".
       La teología espiritual no pretende descartar o despreciar el estudio, todo lo contrario, éste se hace absolutamente necesario para dirigir la mirada al corazón del místico y estudiar su experiencia teniendo en cuenta las distintas ramas de la teología y otras disciplinas.
       Para que podamos entender mejor las frases de Madre Teresa y apreciar  su experiencia mística vamos a aclarar  también el significado de la expresión: “Ausencia de Dios”.
       Padecer “ausencia de Dios” es un componente de toda experiencia mística cristiana.
       Lo expresó maravillosamente San Juan de la Cruz en el primer verso del Cántico espiritual: ¿“Adónde te escondiste Amado, y me dejaste con gemidos…”. Ese sentimiento doloroso se hace presente en la vida del místico a consecuencia de la naturaleza misma de nuestra experiencia de lo divino, mediatizada y limitada por nuestra condición existencial terrena. A consecuencia también de la transcendencia y del misterio de Dios, que no solo está “más allá” de todo lo alcanzable, sino que es misterio absoluto.” Dios escondido” diría Isaías (45, 15) “ Rayo de tiniebla” en la literatura mística cristiana ( “Puso su escondrijo en las Tinieblas”, escribe San Juan de la Cruz glosando su primer verso del Cántico: 1, 12).
       En la escala de graduación de la experiencia mística esa experiencia de la “ausencia de Dios” se agudiza, hasta el extremo en ciertas etapas de “noche oscura” o de “intenso deseo”; etapas preparatorias del estadio final: la “unión mística”.1
       Como bien nos explica el fraile Carmelita Tomás Álvarez en el Diccionario de Santa Teresa la “ausencia de Dios” es una experiencia que precede a la unión o desposorio místico. Desde luego, no se trata de una ausencia real de Dios, ya que Dios está siempre presente. “En el vivimos nos movemos y existimos” nos dirá San Pablo.
      ¿Qué es entonces? Es, pues, una experiencia espiritual donde el alma no percibe la presencia de Dios en ella y padece por ello. Gime por la ausencia del Amado. Y es así que esa “ausencia” le aumenta el deseo de Dios y le purifica en la búsqueda. ¡Cuántas veces buscamos los milagros de Dios en lugar de buscar al Dios de los milagros! En esa purificación interior el alma llega al deseo de poseerle, de amarle por Él mismo, no ya por los beneficios recibidos de Él sino porque Él merece ser amado. Amar a Dios por Dios mismo. Para ello el místico vive como una gracia la así llamada “Ausencia de Dios” para luego experimentar más plenamente la “Presencia de Dios” en su Alma,“y ya no vivo yo, sino que Cristo viven en mí” Gal 2, 20). Vivir entonces la “ausencia de Dios” es parte del itinerario espiritual del místico, es decir, de aquel que ha hecho experiencia de Dios en su vida pero que no se detiene en su búsqueda.
       Veamos ahora como ya lo hemos anunciado como Madre Teresa vivió la “Ausencia de Dios”.
“Tengo una soledad tan profunda en mi corazón que no consigo expresar” “Dentro de mi todo es gélido. Solamente la fe ciega me transporta, porque en verdad todo es oscuridad para mi” “Algunas veces esta agonía es tan grande y al mismo tiempo vivo un deseo del Ausente tan profundo que la única oración que consigo recitar es: “Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío”. “Saciaré tu sed de las almas”.
            Como hemos podido verificar hasta el momento la Beata Teresa de Calcuta vivió en su interior esta experiencia fuertísima, a tal punto fue intensa que en un momento ya no podía más y le dijo a Jesús: “Dame un signo de tu cercanía”. Posteriormente ella le comenta a Mons. Périer: “entonces desapareció aquella larga oscuridad, aquella pena de la perdida, de la soledad, de aquel extraño dolor de diez años”. “Hoy mi alma está plena de amor, de alegría indecible, de una ininterrumpida unión de amor”.
            Madre Teresa había pedido un signo de su cercanía y Jesús le regaló un mes de intensa presencia en su alma. Pero posteriormente la Beata volvió hablar con Mons. Périer y le trasmitió: “Nuestro Señor me ha dicho que será mejor para mí permanecer en el túnel, y así Él me dejó nuevamente…”.
            Con la expresión “en el túnel” se refiere a ese tiempo de oscuridad interior que experimentó Madre Teresa. Es interesante su actitud posterior frente a la misma experiencia de “ausencia de Dios”.
            “Ahora Jesús escucha mi oración… si mi dolor y mi sufrimiento, mi oscuridad y mi distanciamiento te dan una gota de consolación, Oh Jesús has de mí lo que quieras, siempre que lo desees, sin tener una sola mirada a mis sentimientos y mi dolor. Soy tuya. Imprime en mi alma y en mi vida los sufrimientos de tu Corazón. No te preocupes por mis sentimientos ni tampoco de mi dolor. Si mi separación de ti conduce a otros hacia ti, y si el amor de ellos y compañía te dan una gota de placer. Ahora Jesús, deseo con todo mi corazón sufrir lo que estoy sufriendo…”.
        Podemos notar aquí la aceptación de su dolor, su ofrecimiento y su aumento de amor. Ya no cuenta ella, sus sentimientos, ya no pretende ser consolada como cuando pedía un signo de la cercanía Jesús. Todo lo contrario, se une místicamente al dolor de Jesús en la Cruz: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” (Marcos 15,  34). Dirá después: “Déjame compartir contigo este dolor”.
            “Por la primera vez en estos once años, he comenzado a amar la oscuridad. Porqué ahora creo que esta sea una parte, una pequeñísima parte, de la oscuridad y del dolor que Jesús vivió sobre la tierra. El me ha enseñado a aceptarla como el “lado espiritual de la obra”.
            A este punto Madre Teresa de Calcuta vive esta dolorosa experiencia en relación con su propia vocación y su misión de fundadora. Dios la preparó para la unión mística, la purificó en su ser y la hizo canal de acercamiento. Así lo expresó:
       Las personas dicen de sentirse atraídas hacia Dios, viendo mi sólida fe”.      Efectivamente el “místico” no atrae hacia sí mismo sino que por el contrario viéndole vivir su fe profunda pone en relación con Dios. Nos provoca el deseo de Dios, el deseo de vivir la unión fuertísima con Él aunque para ello también nos toque experimentar por largo tiempo la Ausencia del Amado.
            Hemos  visto  en la experiencia de Madre Teresa de Calcuta  lo importante que es la mística en nuestra vida, en nuestro itinerario espiritual. Mucho tenemos que aprender de los grandes místicos. Ellos son verdaderos educadores del alma, así los llamó Romano Guardini cuando dijo:
 "Yo amo la mística; sé que en ella se esconden tesoros de extraordinaria nobleza, y no sólo para unos pocos escogidos sino para círculos más amplios (...) Tengo un respeto sagrado hacia estos educadores del alma".

 P. Raúl

La mística de la espera y del silencio.


   
Con María y con José esperamos al Niño.

Cuando decimos que Adviento significa espera todos entendemos que estamos hablando de una espera activa. Una espera que nos pone en movimiento desde lo más profundo de nuestra existencia. El Esperado es quien dijo de sí mismo: “Yo soy… la Vida”.
Es así que nuestra vida se inquieta positivamente en la espera del que da sentido a nuestra existencia.
Las Sagradas Escrituras tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento nos presentan una lista interesante de modelos de espera. Ejemplos que nos sacuden y estimulan a despertarnos de un cristianismo soñoliento. Ellos lo esperaron, lo anunciaron  y se prepararon para el recibirlo.
Son tan variadas como riquísimas las actitudes que podemos contemplar en estos grandes modelos de esperanza pero vamos a limitarnos solamente a dos de ellos: Santa María y San José.
En María y José contemplamos la ternura de la espera. Ternura que está relacionada al don de la paternidad confiada a ellos por parte de Dios Padre.
La ternura de María y José se hizo contemplación del misterio en la noche de la Navidad.  Ambos estaban sensibilizados por la espera. Podemos imaginar los sentimientos que albergaban sus corazones en el camino hacia Belén. No habría en ellos otra preocupación ni interés que el hacerle espacio, buscarle un sitio. Ya ambos en la Anunciación dieron el sí de la aceptación a la voluntad divina. El ángel del Señor ya les había comunicado el deseo de Dios, su plan, su proyecto de amor para con los hombres. Ya ellos, María y José respondieron abrazando el querer de Dios. Pero han comenzado necesariamente a seguir todo un itinerario espiritual.
En la vida de los místicos no es nada extraño encontrarnos con lo que podríamos llamar una “geografía espiritual”. Es así que se nos presentan ante nuestros ojos realidades como el desierto, el monte, el abismo, la cueva, el río, el vergel.
María y José viven su itinerario de geografía espiritual que los condujo de Nazaret hasta la cueva de Belén. Pero el camino no se detuvo en la gruta, después los esperaba el desierto de Egipto con sus peligros y dificultades.
La cueva o gruta es símbolo de la interioridad. Interioridad vivida en el silencio de la noche santa. La cueva evoca de alguna manera el seno materno como ese tiempo donde la vida es más frágil y necesita ser rodeada y protegida. Allí en la cueva los dos contemplaron el misterio de Dios hecho Hombre. Del Todopoderoso necesitado del cuidado de las creaturas. Vivieron  una contemplación que los mancomunó casi en una misma mirada de amor. Es la humanidad  que en ellos representada queda extasiada ante el Verbo hecho carne. Dios-ternura.
El Adviento mira hacia la Navidad y ésta se entiende en relación a la Pascua. Jesús vino para salvarnos. El pesebre no se comprende sin la cruz, ni la cruz sin el sepulcro vacío. El Salvador viene. Qué la Virgen María y el casto José nos regalen su mirada. Nos enseñen el valor contemplativo de su silencio, para que la Palabra resuene fuerte sin más ruidos que el dulce sonido del  amor de Dios por nosotros.

           

¿Por qué el Blog se llama JAIRE?

JAIRE
La palabra “JAIRE” procede del griego y significa alégrate. Es el saludo que el Ángel hace a María en la Anunciación. Es una invitación a la alegría mesiánica porque el Rey está cerca.
 He querido darle este nombre al Blog invitándolos a la ALEGRÍA porque el Rey está con nosotros.
Al pretender vivir la espiritualidad cristiana sabemos que la cruz es parte del camino que   hacemos  rumbo al cielo, pero la alegría también se hace presente porque  Jesús va a nuestro lado con una multitud de testigos.
El testimonio de los santos, la experiencia de vida cristiana que nos legaron, conforman una riquísima fuente de espiritualidad.
La Teología Espiritual no ignora esto, y por ende acude gozosa al estudio para luego proporcionarnos criterios de discernimiento, ayuda en nuestro itinerario y estímulo en el seguimiento de Jesús.
Todo apunta a Dios para que  nosotros viendo las maravillas que el mismo obró en sus santos nos unamos más plenamente a Él.
Saber que en este camino contamos con la intercesión de quienes ya recorrieron el camino y nos esperan es verdaderamente alentador. Ninguno de nosotros se puede sentir tan autosuficiente como para no querer ayuda. Es por eso que necesitamos de la experiencia, los consejos y la oración de nuestros hermanos de arriba. Buscar esta ayuda que nos brindan los santos  es un acto de humildad, porque es un reconocimiento de que caminamos con los otros.
Nos sabemos y nos sentimos Iglesia no solamente en nuestras comunidades parroquiales, diocesanas o cuando en una misa campal nos congregamos junto al sucesor de Pedro. Todo esto, sin duda, nos hace experimentar la alegría de sentirnos Pueblo de Dios en camino. Pero también indudablemente nos sentimos Iglesia cuando sin perder la comunión de aquí abajo entre nosotros  somos conscientes de la fraternidad de la vida eterna. 
Personalmente cuando entro en alguna iglesia con numerosos vitrales o imágenes de santos  me gusta pensar que son parte de un gran álbum familiar de fotos. Allí están como en una "fotografía"  los que sin estar acá presente “siguen estando”. Podríamos decir que nos tienden ese puente que desde la imagen nos conduce a la realidad. Son nuestra familia, son los que ya están en la Patria donde nos esperan.
Es que ya sea en escultura, pintura o en otras manifestaciones el arte cristiano es belleza, pero también es esperanza. Esperanza de una "Jaire" mayor, es decir, de una alegría perfectamente plena y eterna. El arte es fraternidad que se vive en la alegría que experimenta  el alma cuando lo contempla con fe.